Captadas por la ignorancia
(traducción de la página Christo Nihil Praeponere del Pe. Paulo Ricardo)
La intolerancia de los nuevos movimientos sociales muestra como el odio, ciego e irracional, todavía es la base del comunismo. No es - o por lo menos no deberia ser - novedad para nadie que los nuevos movimientos sociales, conocidos por su apariente lucha por "tolerancia", "diversidad" y "respeto a las diferencias", surgieron en la línea de una tradición de pensamiento marxista, que ha sustituido en las últimas décadas a la guerrilla armada por la guerra de las ideas. Una excelente introducción al tema esta en el curso "Revolución y Marxismo Cultural" (presentado por el Pe. Paulo Ricardo - en portugues)
En suma, las categorías concebidas por Marx para el campo económico se transfirieron al terreno cultural: la "lucha de clases", que se limitaba a un choque entre la burguesía y el proletariado, hoy, arma a todas las personas contra las otras - mujeres contra hombres, negros contra blancos, hijos contra padres, etc.
Nunca el consejo del líder socialista Vladimir Lenin fue seguido con tanto rigor: "Necesitamos odiar. El odio es la base del comunismo, los niños deben ser enseñados a odiar a sus padres si no son comunistas"
Sin embargo, para conquistar sus intentos, las mentes de estos movimientos necesitan contar con una gran masa de personas que, en el fondo, no conocen ni el origen ni el objetivo real de la causa por la que militan ciegamente. Es un grupo apodado gentilmente (por Lenin) de "idiotas útiles". Incapaz de tener un pensamiento propio o de oponer resistencia a la ideología reinante, adhiere a una asociación de inspiración política o social por el simple sentimiento de pertenecer a un grupo, independiente de la veracidad de las ideas que éste adopte.
Es difícil saber si Inna Schevchenko - la activista del Femen que protestó desnuda en la plaza de San Pedro, con una pancarta escrita "La Navidad fue cancelada" - es o no una de esas "idiotas útiles". También no es posible decir que la joven Josephine Witt - también activista del Femen, que invadió la Catedral de Colonia durante la Misa matutina de Navidad y subió desnuda al altar, con la inscripción "yo soy dios" - no sabía lo que estaba haciendo.
La lógica detrás de estas protestas criminales, sin embargo, revela no sólo la cara demoníaca de los "nuevos revolucionarios", como el profundo desconocimiento del verdadero rostro de la Iglesia. Muchas mujeres entran en el movimiento feminista convencidas con el discurso mentiroso de que el Cristianismo no les dió suficiente espacio en la sociedad o siempre las oprimió sin piedad.
Nada es más falso. Con el florecimiento de la religión cristiana, la mujer pasó a ser tratada con decoro y dignidad - el extremo opuesto del lugar al que la Antigüedad la había relegado. La figura femenina del Imperio Romano no había conocido otra posición sino la de subyugo y humillación, víctima de la poligamia, del divorcio fácil y del propio infanticidio.
De hecho, en qué ambiente de Grecia o de la Roma Antigua se podría imaginar a una mujer rigiendo un imperio como sucedió en la Edad Media, con muchas de ellas llegando incluso al honor de los altares? En qué sociedad antigua una mujer se entregó a la vida intelectual a punto de imitar la magnitud de una Hildegarda de Bingen o de una Teresa de Ávila?
Por estas y otras, hay que concordar con Don Aquino Corrêa:
"La mujer en sí misma (...) nunca fue tan exaltada como en el cristianismo. Se diría hasta que lo fue más que el hombre, no sólo porque Jesús la encontró más desvalorizada y la tomó de más abajo, como también porque por la apoteosis incomparable de María Santísima, colocó una simple mujer en culminaciones inalcanzables a ninguna otra criatura humana"
La invasión de templos y la profanación de cultos religiosos por activistas ilustran hasta donde puede llegar el hombre cuando se aparta de Dios y como es fuerte la ignorancia de quien, para defender la "libertad", ataca a la institución y el patrimonio que forjaron la civilización occidental.
Como decía el venerable arzobispo Fulton Sheen sobre la Iglesia de Cristo: "no hay cien personas que odian a la Iglesia Católica pero hay millones que odian lo que piensan que es la Iglesia Católica"

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